El agua dura es uno de los términos de calidad del agua con los que más se topa la gente tras mudarse a una ciudad nueva, y también uno de los más malinterpretados. La mayoría no piensa en su agua hasta que algo cambia: te mudas a un sitio nuevo, tu pelo empieza a notarse distinto, o aparecen marcas blancas en la mampara de la ducha que ya no se van del todo. Ese suele ser el momento en que un término al que nunca habías prestado mucha atención cobra importancia de repente.
El agua dura no es agua sucia
Uno de los mayores malentendidos es que agua dura significa agua de mala calidad. No es así. El agua dura simplemente contiene niveles más altos de minerales naturales, sobre todo calcio y magnesio, que el agua recoge al pasar por roca y suelo. En muchas partes de Europa esto es completamente normal: en Londres, París, Berlín y Roma el agua del grifo es dura. La dureza describe lo que está disuelto en el agua, no una contaminación.
¿Qué hace que el agua sea dura?
A medida que el agua se mueve por el terreno, disuelve minerales de la roca y el suelo. Cuanto más calcio y magnesio recoge, más dura se vuelve el agua. La dureza se mide habitualmente en miligramos por litro de equivalente de carbonato cálcico (mg/l CaCO₃), y la UK Drinking Water Inspectorate, la autoridad británica de control del agua potable, la clasifica así:
| Clasificación | Dureza |
|---|---|
| Blanda | hasta 100 mg/l |
| Ligeramente dura | 100–150 mg/l |
| Moderadamente dura | 150–200 mg/l |
| Dura | 200–300 mg/l |
| Muy dura | por encima de 300 mg/l |
Clasificación de la dureza basada en la concentración de carbonato cálcico (CaCO₃). Referencia: UK Drinking Water Inspectorate, Water Hardness – Consumer Guidance. Muchos países usan sus propias unidades, como los grados alemanes (°dH) o los grados franceses (°f).
No toda el agua es igual
La diferencia entre ciudades puede ser considerable.